dimecres, 4 de gener del 2012
Sonríe
Si él tiene alguna razón para sonreír, a pesar de todos los motivos que tiene para no hacerlo, tu tienes un millón de razones más.
El forastero
Llega un día en el que la muerte aparece en tu vida, de repente y sin avisar. Se presenta ante tu puerta, y toca el timbre. Tardas en ir a recibir, porque te pilla de imprevisto. Vuelve a llamar, impaciente, pero tu no quieres abrirla, porqué no sabes quién es. Recuerdas que tu madre siempre te ha dicho que no abras nunca a los desconocidos. Así que cierras la puerta con llave, con todos los pestillos e incluso pones la cadena, aquella con la que jugabas cuando eras pequeño. Llama y vuelve a llamar, cada vez más fuerte y más violenta, pero resistes a abrir. Estás asustado, te alejas de la puerta, te escondes en el armario, debajo la cama, en la bañera, detrás de las cortinas, pero ningún sitio parece seguro. La muerte no quiere alargar más lo inevitable, coge carretilla y corre hacía la puerta dispuesta a abrirla con todas sus fuerzas, con un golpe consigue romper la cadena, aquél juego de infancia en el que conseguías poner a tu padre de los nervios. Vuelve a coger carretilla y poco a poco va rompiendo los pestillos. Con un golpe final, consigue abrir la puerta. La muerte ha entrado en tu vida, y una vez dentro no va a querer salir nunca más. Con el paso del tiempo aprendes a vivir con ella, aunque no te guste y tengas que aguantar sus bromas pesadas, al final comprendes que forma parte de tu vida. Debes respetarla y no tentarla, pero nunca, jamás, debes vivir pendiente de ella. Porque no olvides, que es ella el forastero, y esta es tu vida.
dimarts, 1 de novembre del 2011
El saxofonista
Después de semanas de lluvias y de días grises, hoy el sol brillaba en el cielo, provocando una sonrisa en el rostro de la gente. La primavera estaba al caer, y la olíamos por todas partes. En un pequeño y humilde piso, en la calle cuyo nombre nadie conoce, se despertaba un chico molesto por los rayos del sol que se colaban por su estropeada persiana. Su viejo despertador le había vuelto a fallar, y mientras se vestía y se preparaba un café a la vez, se insultaba a sí mismo por no recordar comprar otro despertador. Algunos considerarían el estado de su piso más propio de los puercos que de una persona. Pero para él en eso consistía vivir sólo, vivir cómo te da la gana, con el tipo de organización que quieres, en su caso: ninguna organización era su organización. Cinco minutos más tarde ya estaba corriendo hacia el trabajo, salpicándose en los charcos, esquivando a la gente, apresurándose para intentar no llegar media hora tarde. El muchacho trabajaba de camarero a media jornada, para poder pagarse los estudios y el piso. Cuando terminaba de trabajar, se llevaba un bocadillo de almuerzo. Hoy estaba contento porque podía comer fuera, sentado en un banco del parque, disfrutando del sol y escuchando las poco apreciadas melodías de los músicos callejeros. Hoy el encargado de poner música en su almuerzo era un saxofonista, de piel morena y de edad avanzada, pero con una elegancia innata. A pesar de que el pan estaba pasado, el chico se comía su bocata con hambre, acompañado por una alegre pieza de jazz. Sentada en el banco de enfrente, a unos veinte o treinta metros, una chica joven con el pelo largo y castaño se había fijado en él. Se cruzaron la mirada. La chica le sonrió, y él, tímido, bajó la vista. Su corazón se aceleró, estaba sonriendo por dentro. El saxofonista se dió cuenta del juego de miradas y sonrisas, y empezó a tocar la memorable melodía de Fly me to the moon de Frank Sinatra, mientras le guiñaba el ojo al muchacho. La chica se levantó y se acercó al saxofonista para darle propina, y antes de irse, le regaló otra mirada al chico. Y el chico, medio embobado, observaba como se alejaba.
- Pero chico, ¿qué haces? Espabila y ve detrás de ella.
El saxofonista miraba al chico fijamente. El chico miró el reloj de la plaza, casi las cuatro. Si no se apresuraba llegaría tarde a una importante conferencia de la universidad. La chica estaba a punto de cruzar la calle. El chico miró al saxofonista, y sonrió.
http://www.youtube.com/watch?v=5VXieTCqWzc
http://www.youtube.com/watch?v=5VXieTCqWzc
dimecres, 28 de setembre del 2011
Cabalgando asfalto
Mi pelo bailando con el aire, y mi sonrisa desafiando el sol. Mis manos, a las tres menos diez, tiemblan de emoción. Al fin, mis pulmones respiran libertad. Los árboles pasan deprisa, las montañas y las sierras avanzan a mi lado. Nunca había visto un cielo más azul, mi vida empieza hoy. En medio de ninguna parte está la carretera más larga y más recta que he visto jamás, y mi humilde coche la peina con suavidad, para no perder ni un solo detalle del paisaje, para saborear cada instante hasta el final. No sé a donde voy. Pero si sé a donde no quiero volver, y para mí, esta carretera, es de sentido único.
Perfectamente inexistente
Estamos obsesionados en encontrar la perfección. Vivimos pendientes de gustar a los demás, y de procurar no dar un paso en falso. Intentando parecernos a aquellos que agradan a todos. Presionados por la sociedad, amenazados por la soledad. No podremos seguir soportando este peso sobre nuestros hombros demasiado tiempo. Y es que la perfección, en realidad, no existe. Es solo otro estúpido invento del ser humano, que se creó a base de pequeños defectos. La perfección no es nada más que la ausencia de taras, de errores. Es una mentira piadosa que el colectivo ha ido alimentando. Lo más perfecto que existe, es la verdad de que no hay dos personas iguales, y el regalo que nos da la vida es tener la posibilidad de conocer a la gente que nos rodea.
diumenge, 25 de setembre del 2011
You're gone
dimarts, 7 de juny del 2011
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